sábado, 1 de diciembre de 2007

Me rindo; rindo
mis ojos, el silencio,
el dolor, la garganta,
las venas y la sangre.
Yo rindo
la razón del paisaje,
el pedúnculo frío
del sueño,
la mesa con tintero,
el bolígrafo bic tic - tac
y el golpe
de gracia
sobre el pecho.
Y rindo
mis heridas, los sueños
y mis angustias,
la soledad, la sed,
el polvo y la esperanza,
las tejas de la ausencia,
el sobresalto
de mis ojos al verte.
Me rindo, rindo
la lucha y la abundancia,
el amor y la fe,
la indignidad, el polvo,
la luz de las estrellas,
la danza de los átomos,
el giro de los vientos
y la piedra angular de mis recuerdos:
el salto de tus ojos hacia lo eterno.
Me rindo; rindo
mis espinas, el cielo,
la piel y la fatiga,
el barro, las raíces,
la luna, mi perfil,
tu lluvia, nuestro tiempo,
el aroma lejano
de cualquier lado,
la semilla acosada
por el trillo y la parva...
Incluso
con mi esqueleto de tiempo
todo lo rindo
por una simple tregua de vida sobre el tiempo.